El sosegado aspecto del Estany des Peix, con las chalanas fondeadas y el agua calma, esconde una historia trágica. Al terminar la Guerra Civil (1936-39) el régimen franquista instaló un centro penitenciario en la orilla de esta laguna, junto al actual núcleo urbano de la Savina. No era la primera vez que aprovechaba una de las Baleares, para ubicar una prisión. Ya durante la Guerra de la Independencia (1808-14) los borbónicos recluyeron en Cabrera a los prisioneros del ejército Napoleónico. En el caso de Formentera, los aproximadamente 1.500 desafortunados que fueron encarcelados en “es Campament”, nombre que los formenterenses dieron el centro, eran españoles la mayoría, especialmente de Extremadura y también isleños.

A pesar del corto periodo de funcionamiento, entre 1940 y 1942, los historiadores coinciden en que de los setenta campos de concentración repartidos por la geografía española, el de Formentera era uno de los más duros. El registro civil de la isla documenta la muerte de al menos 58 presos, la mayoría a raíz de enfermedades provocadas por la desnutrición o por la absoluta falta de condiciones higiénicas. El periodista Carmelo Convalia recogió en su documental “Aigua Clara” (2007) algunos testigos de primera mano, como el del formenterense Joan Colomar “Peret”: “Se pasaba hambre, mucha hambre. La gente moría de inanición. Sólo nos daban una poción que no tenía nada y una naranja totalmente seca”.

Si la falta de recursos ya era escasa en una isla austera de por sí, en el periodo de posguerra esta situación se agudizó, y los presos de “es Campament” sobrevivían principalmente gracias a la red clandestina de solidaridad del Partido Comunista y en el caso de los formenterenses, por sus familiares y amigos, que tiraban alimentos desde el otro lado del muro. Un muro anormalmente alto y reforzado con contrafuertes que fue construido por los mismos presos y que hoy es el único vestigio del centro que queda en pie.

“Es Campament” estaba formado por barracones, por lo que después de su cierre fue desmontado. Parece ser que el desembarco aliado en el norte de África durante la II Guerra Mundial provocó la clausura del centro y el traslado de los prisioneros.

Actualmente queda una casa en ruinas, erigida por un destacamento militar posterior, y donde podemos leer una placa con un poema de Joan Coromines con un título tan contundente como explícito: “El cementiri dels vius” (“El cementerio de los vivos”).

El Consell Insular de Formentera ha iniciado los trámites para declarar el lugar Bien de Interés Cultural y dignificar el espacio, que cada 14 de abril acoge el acto que organiza el “Fòrum per a la Memòria Històrica d’Eivissa i Formentera”, que conmemora el advenimiento de la República, en 1931.

Texto: Josep Rubio

Fotografía: Próximo Ferry

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