Algún día benevolente de invierno se las puede ver, pero es especialmente a partir del mes de marzo, al alargarse el día y calentar el sol, cuando salen de sus escondites en las rocas y las lagartijas comienzan sus traviesas carreras. De curiosidad insaciable, este es el reptil más común en la isla y el único encontrado en los yacimientos prehomínidos. Su llegada a Formentera data de hace 5,5 millones de años, cuando las Baleares eran un sistema montañoso conectado por tierra con Europa y África. A partir del deshielo y la subida del nivel del mar, la separación de las islas y la consiguiente evolución diferenciada originó las 23 subespecies de la Podarcis pityusensis que habitan Formentera, Ibiza y los aproximadamente 40 islas e islotes que conforman las Pitiusas.

Las lagartijas tienen pocos competidores y escasos depredadores en el archipiélago, por lo que son aficionadas a comer vegetación (hinojo, romero, sabinas, o flores de todo tipo) una costumbre que la lagartija del continente no tiene por el riesgo de exposición que supone. Esta condición hace que la Podarcis pityusensis sea de los pocos reptiles reconocidos como polinizadores de plantas. Les encanta prácticamente de todo, especialmente los restos de nuestras comidas, aunque cuando la escasez domina, son capaces de practicar canibalismo con los más indefensos, los ejemplares jóvenes.

La temporada de apareamiento comienza en abril y se prolonga hasta agosto, y en el ritual de reproducción, los machos se exhiben ante la hembra, hinchando la garganta y arqueando el cuello, con el morro hacia bajo. A menudo aparecerán otros pretendientes y si los movimientos amenazadores no funcionan, los machos lucharán. Por ello, una buena manera de diferenciarlos de las hembras es prestando atención a las cicatrices de las peleas en que se han involucrado. Ellas son mucho más pacíficas y a veces incluso son obligadas a aparearse, ya que el macho normalmente las supera en tamaño. La cópula dura de uno a cuatro minutos y luego el macho se queda vigilando a la hembra horas o días, para evitar que su esperma compita con la de otros machos que pudieran copular con la hembra.

Los vívidos y brillantes colores de la lagartija varían según la zona de la isla en función de la tonalidad que mejor se camufla con el territorio. Así, en Formentera encontramos tres colores para estos reptiles, en es Cap de Barbaria tienden al azul, en la Mola al verde y hacia el norte, en la árida península de es Trucadors, estos reptiles se vuelven marrones. En el resto de islotes de las Pitiusas se pueden encontrar lagartijas de colores muy diversos, como las negras de la isla Bleda Plana, las anaranjadas de la isla Negra Norte, o las de es Vedrà, de color azul con una franja amarilla.

La peculiaridad de este reptil en Formentera es que, a pesar de preferir zonas rocosas y soleadas, se les encuentra en todas partes. Incluso en lugares fuertemente urbanizados, dada su capacidad para adaptarse a nuestro hábitat. De hecho, no es extraño que mientras tomemos el sol nos sorprenda una lagartija que intenta determinar si somos materia comestible. Ahora bien, las mordeduras de las lagartijas, no hacen daño, así que la experiencia no pasa de provocar cosquillas y de paso confirmar que no es casualidad que este pequeño reptil se haya convertido en un icono de Formentera.

Texto: Josep Rubio

Fotografía: Pepmiba

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