El fútbol se practicaba en terrenos que asustarían a los jugadores de piernas depiladas de hoy.

El extraño era un enviado especial del FC Barcelona, que en aquellos momentos buscaba posibles relevos para el mítico portero azulgrana de la década de 1950, Antoni Ramallets.

Texto: Josep Rubio | Fotografía: Cedida por T.Torres

La Sociedad Deportiva Formentera es hoy un club consolidado, con 14 equipos y 228 jugadores, que ha culminado una temporada histórica con el ascenso a Segunda B y la disputa de la eliminatoria de la Copa del Rey contra el Sevilla CF. Pero el club rojinegro, fundado en 1971, es heredero de una tradición futbolística que se remonta a la década de 1930, cuando el telegrafista mallorquín destacado en la isla, Pío Cormenzana, introdujo el primer deporte moderno en el isla.

Más tarde, a finales del 1940, algunos de los jóvenes que hacían el servicio militar en la base de Hidroaviones del Estany Pudent también contribuyeron a cultivar la afición. Toni Geroni (Formentera, 1942) hace memoria de aquellos militares que chutaban el balón cuando él era un niño. “Marín, Ríos, Ferrer … pero el mejor era “el Vasco”, que “cuando más bien jugaba era después de pasar por casa para emborracharse con vino payés”.

Pasado el ecuador del siglo XX, Formentera contaba con varios equipos: La Mola, Sant Ferran, Sant Francesc, Cap de Barbaria y La Savina y además, disponía de numerosos campos diseminados por toda la isla. Hoy, Toni Geroni, que jugaba de portero, y Riera (defensa central) recuerdan como tras cavar patata todo el día, encontraban tiempo y fuerzas para ir a entrenar. O aquella noche que pasaron despiertos ahechando el trigo de la finca de Vicent des Pla, para ayudarle a terminar el trabajo y, por la mañana, tener tiempo para ir a jugar todos juntos.

El fútbol se practicaba en terrenos que asustarían a los jugadores de piernas depiladas de hoy. Explica Xicu Ferrer, de 73 años, que el rectángulo de juego era delimitado a pasos. Las líneas se marcaban con cal, porque “entonces todo el mundo tenía cal para pintar la casa”. La superficie, dice Xicu, “eran campos que a veces habían sido sembrados y aún quedaba algún rastrojo por medio”. Toni Geroni evoca como el antiguo campo de su equipo, el Sant Francesc, en la Barda des Molins, fue nivelado después de labrarse con mulas, mientras Riera precisa que en el área “había muy poca arena, más bien piedras por todas partes”, grandes como un huevo y que dejaban a los jugadores bien magullados. Antes de que llegaran las botas de fútbol, se jugaba con alpargatas de lona y suela de esparto que se alquitranaba para ganar resistencia.

Los formenterenses disputaban su liga insular, y los mejores jugadores formaban una selección que se desplazaba esporádicamente para jugar contra los equipos ibicencos, en unas travesías que Xicu recuerda a bordo de Sa Balandreta, un barco correo propulsado a vela y a motor (cuando funcionaba) y que podía emplear tres horas desde La Savina a Vila.

Toni Geroni sonríe mientras Riera le dice: “y lo bueno que era Joanet Pins, no le podías hacer una entrada, siempre se escapaba por velocidad”. “Hizo un doblete contra el Unión de Ibiza”, remacha Toni, que tiene grabado el resultado final de 4 a 0 para los de Formentera, en el que también marcaron Daniel y Vicent des Pla.

Era 1959 cuando una selección de los mejores jugadores de Formentera viajó para enfrentarse al gran equipo de Baleares, el Mallorca. Los formenterenses perdieron por 3 a 0 en un partido en el que el portero Toni Geroni voló entre los palos para contener el asedio rival. De vuelta a Formentera y cuando se encontraba en las matanzas de Can Coves (Ca Marí), apareció un señor catalán preguntando por él. Toni, que en ese momento estaba preparando la sobrasada, explica que salió a hablar con el visitante con los brazos sucios hasta los codos. El extraño era un enviado especial del FC Barcelona, que en aquellos momentos buscaba posibles relevos para el mítico portero azulgrana de la década de 1950, Antoni Ramallets. El formenterense le dio su dirección y al cabo de una semana recibió una carta del Barça invitándole a viajar a la capital catalana para entrenar con el primer equipo.

El joven, que trabajaba en la panadería familiar Geroni (donde aún hoy podemos comer unos cocarrois memorables), planteó a su padre marchar de la isla y probar suerte con el fútbol. Contiene las lágrimas recordando los llantos de su padre, que veía como un hijo ya se había marchado al Servicio Militar y el otro huiría detrás de una pelota. Toni, que tenía entonces 17 años, tuvo que tomar una de las decisiones de su vida, elegir entre su sueño de triunfar en el fútbol o la supervivencia de la familia. Y escogió seguir despertándose cada día a las 2 de la madrugada para ayudar a su padre a amasar el pan a mano.

Abandonó el fútbol, pero 60 años más tarde no lo ha olvidado. Todavía hoy, el supermercado que regenta, luce una foto con la alineación que recita de carrerilla: Xicu Damià, Juanito de’n Pep Xomeu, Celestino, Vicent des Pla, Riera, Pep de’n Iai, Toni Miquelet, Daniel, Xico Campanitx, Joanet Pins y él mismo. Aún hoy ríe cuando evoca con Riera aquel torneo triangular entre el Sant Francesc, Sant Ferran y La Mola. Eran bien conocidas las desavenencias entre los equipos de los dos pueblos de la parte baja de la isla y después de la competición, reunidos en la Fonda Platé por la entrega de premios, todos se quedaron de piedra cuando el entonces alcalde, Toni Serra, no atendió a los resultados y salomónicamente entregó la copa al equipo que había demostrado más deportividad, la Mola.

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