Los coches y otros vehículos contaminantes no pueden acceder al faro des Cap.

La cueva Foradada es una gruta de fácil acceso que da paso a un balcón natural con vistas al mar

Texto: Josep Rubio | Fotografía: Próximo Ferry

Caminantes y ciclistas son los únicos que pueden acceder a esta finca pública, con la excepción de los vehículos de los visitantes que puedan acreditar problemas de movilidad (en horario restringido: de 11 h a 13 h y de 18 h a 22 h). Esta prohibición para coches y motos es una medida piloto implantada por el Consell Insular de Formentera desde principios de verano de 2017 y que se alargará hasta mediados de septiembre.

La iniciativa ha transformado la zona más meridional de Formentera, devolviéndole la serenidad y la atmósfera de lugar singular, de refugio apto para la pacífica contemplación, donde sólo con alejarnos un poco del camino, es posible escuchar absolutamente nada.

La finca de Sa Tanca d’Allà Dins comienza en el kilómetro 6,5 de la carretera des Cap y llega hasta al mar. Al principio del terreno se encuentra un aparcamiento gratuito apto para un centenar de motos y 60 coches. A poca distancia del aparcamiento se puede visitar el Yacimiento del Cap de Barbaria I, con los restos de un establecimiento megalítico (1600-1000 aC) que estuvo formado por varios módulos adosados. Los especialistas apuntan que los formenterenses que habitaron es Cap hace más de 3000 años vivían de la ganadería, la agricultura y la pesca.

A la izquierda del aparcamiento sale un pequeño camino que, siguiéndolo durante unos 250 metros, nos llevará a una pequeña concentración de sabinas (Juniperus phoenicea) entre las que destaca una por las dimensiones y por la forma de la copa.

Se trata de un ejemplar en muy buen estado de salud y que ha sido catalogado como Árbol Singular. Tiene 5,5 metros de altura, con un diámetro de copa de casi 9 metros y con un tronco que tiene un perímetro de casi 2 metros. Es un ejemplar relativamente joven, de menos de 100 años, con una copa muy compacta, que recuerda la de un pino verde, más que la de una sabina.

Habiendo visitado el árbol, retrocederemos y volveremos al aparcamiento para encaminarnos por la estrecha vía asfaltada de 1,7 kilómetros hacia el faro des Cap de Barbaria. El paisaje es árido como consecuencia de la tala masiva para hacer carbón y leña que se llevó a cabo durante el siglo XIX, según recoge el historiador Santi Colomar. Las lluvias posteriores erosionarían el suelo y habrían complicado la regeneración vegetal. Actualmente se pueden contemplar algunas especies que sobreviven retorciéndose por el suelo y adaptándose así a la acción de los vientos y la escasez de recursos. Se podrá observar romero, acebuche, cardos y alguna sabina. Se advertirá un cambio en el paisaje a medio camino: desde 2007 el Govern Balear ha impulsado una campaña de reforestación con semillas formenterenses de pino carrasco y sabina y estos ejemplares ya empiezan a tener unas dimensiones considerables.

Mucho antes de llegar ya se ve el faro. Se trata de un cilindro de 19 metros de altura erigido a 78 metros del nivel del mar e inaugurado en 1972, aunque su proyecto data de 1924. La lámpara está alimentada con energía fotovoltaica y ofrece un alcance nominal de 20 millas náuticas.

Aunque seguramente, más que por sus características técnicas, este faro es más conocido por su aparición en la película de Julio Médem, Lucía y el Sexo y por eso se ha convertido en un lugar de peregrinación para muchos visitantes.

A unos 100 metros a la derecha del faro se distingue un oscuro y ancho agujero en el suelo, se trata de la entrada de la cueva Foradada, una gruta de fácil acceso que da paso a una apertura que, como un balcón, se abre en la parte alta del acantilado para ofrecer unas vistas espectaculares al mar. Se trata del enclave preferido por muchos formenterenses y turistas para disfrutar de la puesta de sol.

Mirando el faro a la izquierda, a unos 300 metros, está la torre des Garroveret (1763), una de las cuatro torres de defensa de la isla (cinco, si se cuenta la de Espalmador). Como el resto de torres está construida a base de piedra de marès (arenisca), piedra caliza y mortero de cal, tiene dos pisos y está situada en un lugar desde el que se disfruta de una gran panorámica, en este caso hacia el mar y hacia los acantilados que unen es Cap con la costa de Migjorn.

Antiguamente sus dos torreros eran los encargados de avisar si había alguna novedad, bien fuera encendiendo fuego con vegetación seca durante la noche, para crear llamaradas visibles en la oscuridad o quemando leña o paja húmeda de día, para hacer señales de humo.

Y es que, el extremo meridional de Formentera, se llama es Cap de Barbaria, una palabra que sugiere la proximidad a las tierras desde donde, en otros tiempos, los vecinos del sur lanzaban sus razzias.

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