El nudismo en las playas es una práctica muy extendida desde la llegada de los “hippies” en los años 60.

“Ir desnudo no es nada del otro mundo, es cosa de la naturaleza, no nuestra”.

Texto: José Rubio | Fotografía: Próximo Ferry

Adán y Eva vivían felizmente en el Jardín del Edén hasta que, animados por el diablo en forma de serpiente, probaron la fruta prohibida, entonces se dieron cuenta de que estaban desnudos y sintieron pudor. El nudismo, la práctica de estar desnudos en lugares públicos con naturalidad y sin intención sexual, intenta hacer el camino descrito en el Génesis a la inversa, entendiendo que la prohibición de estar tal como llegamos a la vida puede ser el origen de problemas como la falta de autoestima o el morbo sexual.

En Formentera el nudismo en las playas es una práctica muy extendida desde la llegada de los “hippies” en los años 60. Como recuerda el octogenario Pep Ferrer “al principio nos parecía raro ver a todos aquellos jóvenes desnudos, no estábamos acostumbrados” y añade: “Estas cosas [en referencia a los genitales] eran sagradas” lo que no impedía que “muchos jóvenes, y no tan jóvenes, de Formentera, corrieran a la playa a esconderse en las sabinas y mirar todo lo que podían”.

Dice Enric Majoral, joyero que llegó por primera vez a la isla en 1971, que era uno de esos jóvenes “peludos” que descubrieron el nudismo en Formentera. Explica que “el entorno invitaba, playas vírgenes sin gente, donde los pocos que había eran algún turista alemán que también iba sin ropa”.

Dice Majoral que en los últimos años de la Dictadura, “la Guardia Civil no entendía nada al ver toda esa gente desnuda” y señala que “a pesar de que en alguna ocasión hubo alguna redada, al final muchos de aquellos “peludos” eran de alguna manera turistas, y no era cuestión de empezar a dar palos a personas con pasaporte de Estados Unidos, Suiza o Dinamarca”. Para su pareja, Dolors Ballester, el nudismo “era una de las gracias de la isla, llegabas aquí y no necesitabas bañador, sentías que lo que no era natural era meterte en el agua con una ropa que después era incómodo y estaba mojada”.

El nudismo en Formentera no está regulado ni señalizado y también ha evolucionado con el tiempo. Majoral recuerda cómo, en los años 90, “con la llegada de los italianos, se dejó de practicar en algunos sitios” pero añade que “aunque ahora, si no hay mucha gente en la playa, me gusta bañarme sin ropa “.

Alejandra Ferrer, vicepresidenta del Consell de Formentera y responsable del área de Turismo, señala que “si el ayuntamiento no lo prohíbe expresamente, entendemos que el nudismo está permitido en las playas como una práctica regulada por el artículo 10 de la Convención los Derechos Humanos, que hace referencia a la libertad de expresión”. Ferrer, quien afirma que es una nudista más, apunta que en las ferias turísticas internacionales, “mucha gente nos pregunta por el nudismo como una experiencia positiva para llevar a cabo y en seis años en el cargo sólo he tenido constancia de una sola queja sobre nudismo, que provenía de una familia muy religiosa que se sintió ofendida por tener gente desnuda al lado”.

Respecto si ha subido o disminuido la práctica del nudismo en Formentera, Ferrer señala que depende de la época: “En temporada alta, con más turismo, se practica menos, pero en cambio en otros momentos o lugares, casi es la revés, te sientes extraña yendo vestida”.

Cincuenta años más tarde de ver los primeros cuerpos desnudos en la playa, el octogenario Pep Ferrer también ve de una forma diferente el nudismo: “Ahora la gente no hace caso, y creo que está bien que no se le dé importancia, ir desnudo no es nada del otro mundo, es cosa de la naturaleza, no nuestra”.

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