Los hombres emigraron dejando un vacío emocional y logístico que debían cargar las mujeres.

Aquellos formenterenses viajados llevaron a la isla el sindicalismo y una fuerte convicción de que sin educación no se iba a ninguna parte.

Texto: Josep Rubio | Forografía: Próximo Ferry

Es casi imposible encontrar un formenterense que no tenga al menos un pariente que hubiera emigrado a América. Formentera, que con la llegada de la actividad turística a partir de 1960, se convirtió en destino para inmigrantes, generaría cientos de emigrantes que buscaron la prosperidad en Cuba, Argentina y Uruguay, entre finales del siglo XIX y mediados del XX. No en vano, la Formentera de aquellos tiempos era conocida como “la isla de las mujeres”, porque eran mayoritariamente hombres los que emprendían estos viajes.

Nos centraremos en el caso de Cuba, que según el profesor de Historia Contemporánea de la UIB, Antoni Marimon, fue el primer destino y el preferido por los formenterenses. El investigador ha documentado 285 hombres que partieron hacia la isla caribeña. La mayoría, 173, volvieron después de una o más estancias de entre 4 y 10 años.

Al volver, los hombres eran recibidos en las casas, donde se hacía un ruedo y todos los invitados paraban mucha atención a las deslumbrantes historias que contaban de Cuba: los negocios, los avances tecnológicos, la guerra o la situación de otros formenterenses conocidos. Era común que cuando los hombres retornaban a su isla natal, se casaran o engendraran un hijo y se fueran de nuevo, dejando tras de sí un inmenso vacío emocional, logístico y económico que debían cargar las mujeres.

Los isleños de aquella época apenas hablaban castellano, así que la emigración hacia Cuba no se debía a una afinidad lingüística. Apunta el profesor Marimon que como consecuencia de los escasos recursos que producía el campo formenterense, los primeros isleños partieron en busca de trabajo enrolándose en barcos que servían en la Península y Latinoamérica. Es razonable pensar que aquellos formenterenses que habían visto mundo escogieran Cuba, una isla con una economía dinámica y productiva, como lugar donde intentar hacer fortuna. Algunos fueron a ciegas, pero muchos otros contaban con recomendaciones para ser contratados por conocidos. Xomeu Tur Escandell, de can Jai de la Mola, llegó a tener en nómina a más de 50 paisanos en su empresa de carbón vegetal. Este no es el único caso de éxito empresarial, en Batabanó, al oeste de Cuba, Damià Serra Ferrer, fue propietario de dos barcos de pesca de la esponja, mientras que Bartomeu Ros Colomar y Vicent Castelló Marí llegaron a explotar grandes extensiones de caña de azúcar. Algunos de ellos, como es el caso de Vicent Castelló, tuvieron que encadenar una nueva migración cuando huyeron hacia Miami después de la revolución cubana.

La mayoría de los emigrantes no consiguieron hacerse ricos, pero sí ahorrar una cifra suficiente para que, en el caso de retornar a Formentera, se pudieran construir una casa o invertir en una embarcación u otro medio para hacer negocio. Además, aquellos formenterenses viajados, que habían aprendido oficios e idiomas y se habían contagiado de las corrientes ideológicas que marcaban tendencia en la primera mitad del siglo XX, llevaron el sindicalismo a la isla y una fuerte convicción de que sin educación no se iba a ninguna parte. Por eso muchos de ellos impulsaron la suscripción para financiar la creación de las escuelas de Sant Francesc. Un edificio conocido como “ses escoles velles” (junto al Cine) donde tiene su sede el Centro de Profesorado y el registro de la conselleria balear de Educación.

  • 376
  • 0