Las sesiones son al amanecer y, si hace frío, hace para las dos, Lexi nunca ha puesto un neopreno.

La modelo se muestra serena o consumiéndose, una representación de la vulnerabilidad y la fuerza del mar.

Texto: Josep Rubio | Forografía: Lexi Laine

Nadando sobre la pradera de posidonia, ¿quien no se ha imaginado volando sobre un campo de trigo? O cuando nos zambullimos para comenzar el baño, ¿qui no ha experimentado la sensación de hacer un salto hacia otra dimensión? Hacia una realidad de movimientos amortiguados, sonidos sordos e ingravidez. Con estas preguntas como coordenadas, la fotógrafa inglesa Lexi Laine (toda una vida veraneando en Formentera), y la bióloga marina Iara S. Chapuis (crecida en Ibiza y establecida en Formentera) empezaron en 2015 un viaje hacia el poder, aterrador y encantador a partes iguales, de mar.

Iara conoció a Lexi por casualidad, en el mercado ambulante de es Pujols, y desde el primer momento, quedó seducida por su propuesta, “el sueño de hacer de sirena”. Durante tres veranos consecutivos han recorrido la costa de Formentera: punta Pedrera, Punta Prima, cala en Baster, es Caló de Sant Agustí, es Cap de Barbaria, es caló des Morts … En busca de escenarios donde sumergir la cámara y hacer flotar a la modelo, que se muestra “serena”, pero también “consumiéndose”, como “una representación de la vulnerabilidad y un recordatorio de la fuerza del mar”, escribe Lexi.

A veces desnuda, también cubierta con ropa de circo, vestidos de boda o piezas de segunda mano, Iara aparece sola en el escenario submarino. Una figura dual, dispuesta a mostrar nuestras debilidades y fortalezas, flanqueada por la pradera palpitante de posidonia y el flujo de la luz que atraviesa el abismo e impacta en telas y piel.

Para obtener la luz que quiere Lexi, las sesiones son siempre muy temprano, casi al amanecer, a veces duran una hora, otros se alargan hasta cuatro, pero en el agua, tan pronto, siempre hace frío. Y sobre esto, añade la modelo: “Vamos juntas, Lexi nunca se ha puesto un neopreno mientras me hacía fotos, ni tampoco lleva bombona para respirar, todo es a pulmón”. La fotógrafa captura la frontera entre aire e inmersión, el mundo conocido y previsible en contraposición a su imaginario, describe la textura de la superficie vista desde la profundidad, o pide a Iara que se sumerja “hasta cuatro o cinco metros, donde cuesta mucho mantenerse sin salir disparada hacia arriba”. La fuerza que las atrae hacia la superficie, es la que las impulsa a soñar en exportar su proyecto, dice Iara, que desea sumergirse en los cenotes mexicanos, pequeños estanques de agua cristalina y dulce, con menor flotabilidad .

De momento, su proyecto fotográfico empieza a caminar desde casa y una de las imágenes de su serie ha sido exhibida en el Festival Save Posidonia Project. La obra se ha subastado y el dinero obtenido se destinará a la investigación y protección de la posidonia oceánica.

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