El islote ha atraído investigadores de sucesos paranormales que creen que es Vedrà conforma uno de los extremos del “Triángulo del Silencio”.

Es Vedrà conforma un espacio protegido de alto valor natural de 3,8 km de perímetro donde viven 162 especies y donde está prohibido desembarcar.

Texto: Josep Rubio | Fotografía: Próximo Ferry

Un castillo, un monstruo dormido, un perfil gigante … ¿Quién no ha buscado similitudes contemplando es Vedrà? A poco menos de dos kilómetros de Ibiza, este islote de sugerentes formas es un espacio protegido de alto valor natural de 3,8 km de perímetro donde viven 162 especies y en donde por este motivo está prohibido desembarcar.

De la fauna y la flora de es Vedrà cabe destacar alguna subespecie exclusiva; como la variedad vedranera de la lagartija pitiusa (Podarcis pityusensis vedrae) o una subespecie de caracol helicidae (Trochoidea ebusitana vedrae) además, también hay que mencionar la manzanilla propia de la isla (Santolina chamaecyparissus var. vedranense) que crece colgada de los acantilados, algunos de los cuales superan los 100 metros de altura.

Ahora bien, además de biólogos, el islote ha llamado la atención a investigadores de sucesos paranormales que creen que es Vedrà conforma, con el Peñón de Ifac (Alicante), y la costa suroeste de Mallorca, el llamado “Triángulo del silencio” una versión local del más célebre de las Bermudas. Como ejemplo de los misterios del islote citan el famoso “caso Manisses” que hace referencia al vuelo de la compañía TAE que partió de Palma con destino a Canarias el 11 de noviembre de 1979 a las 23 h (el día 11 del mes 11 a las 11 pm) y que, con 109 pasajeros a bordo, tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia en el aeropuerto de Valencia “a causa de un ovni” que surgió a la altura de Ibiza y que en forma de dos luces rojas “volaba en paralelo” al aparato comercial, y que “se desplazaba a una velocidad endiablada, desconocida en cualquier avión convencional” y que finalmente “se detuvo a muy poca distancia del avión” , según explicó el comandante Francisco Javier Lerdo de Tejada, con quince años de experiencia y más de 8.000 horas de vuelo. Incluso, una vez el aparato había aterrizado, varios testigos aseguraron haber observado aquellas inexplicables luces durante más de dos horas desde la torre de control de Valencia.

A los misterios de es Vedrà también contribuyó su único inquilino conocido, el sacerdote carmelita Francesc Palau i Quer, que entre 1858 y 1868 realizó varios retiros espirituales aprovechando las cuevas de la parte alta del islote, que tiene una altura máxima de 382 m , prácticamente el doble que el punto más alto de Formentera. El religioso llegó a Ibiza después de ser expulsado de la parroquia de Sant Agustí de Barcelona, donde fue acusado de fomentar ideas revolucionarias entre los obreros a los que instruía. En el islote ocupó una cueva donde disponía de un lecho de piedra que cubrió con arena que él mismo subió desde la playa para hacerlo más cómodo y más cerca tenía otra gruta que contaba con agua dulce .En sus experiencias místicas describió “damas de luz” y “seres celestiales” que algunos han querido relacionar con los avistamientos de ovnis.

Lo que sí que se ha podido ver a ciencia cierta durante años han sido las cabras que los propietarios del islote, los vedraners, reintrodujeron en 1992 liberándose hay 12 ejemplares. La tradición mandaba que la víspera del domingo de Pascua los vedraners desembarcaran en el islote para cazar un ejemplar que luego se asaba en familia.

En todo caso, las cabras también son cosa del pasado después de que en 2016 el Govern Balear impulsara, no sin polémica, su eliminación por los daños que estaban causando en el delicado equilibrio ecológico del islote.

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