“Si ha llovido en septiembre y lo hace un poco en octubre, ya podremos salir a buscar algún pebràs o salir a pescar calamares”.

“Es cuando surge una luz apacible y serena, que nos apoya para descansar, cuando llega el momento de salir a pintar al aire libre y de disfrutar de los colores que empiezan a aparecer”

Texto: Josep Rubio | Fotografía: Próximo Ferry

Octubre es un mes con resonancias únicas en Formentera. Es cuando llega el cambio de ritmo, el descanso de la temporada turística y del sol cegador. Momento de finalización y de principio, de “retorno”, como dice el escritor Carles Torres: “En octubre es cuando la isla retorna a un estado después del largo choque veraniego”. Para el autor de ‘El desconcert de’n Boyle’, la temporada turística “desconecta muchos cables que, en octubre, vuelven” a su lugar.

El fotógrafo Juan Picca, quien año tras año nos descubre en Formentera Report una nueva faceta de la belleza de la isla, intuye que “octubre no es un mes cualquiera, es el mes número 10, el de la excelencia, lo máximo a lo que podemos aspirar”, es cuando “las luces se mezclan, como el agua fría y la caliente”. Para él, es “el mes de la luz, una luz tibia que baña nuestra piel, penetra en nuestros cuerpos”.

Atenta a las mutaciones de los colores de la isla a lo largo del año, la pintora asturiana establecida en la isla, Cynthia Díaz, describe la luz de octubre “como una caricia. No tan intensa como la del verano, más tenue y acogedora”. Para ella, es “el momento de salir a pintar al aire libre y de disfrutar de los colores que empiezan a aparecer: los verdes brillantes de los árboles que recobran su color, con menos polvo y más lluvia … y los ocres y naranjas tanto de nuestra isla. Y todo bañado por una luz apacible y serena, que nos apoya para descansar”.

Un respiro que también aprecia el joyero y premio Nacional de Artesanía Enric Majoral, para quien en octubre “es cuando salen a la superficie las inspiraciones de cosas que durante el verano no se ha tenido suficiente tiempo para reflexionar”. Y además, “es este momento tan bonito en que aún te puedes bañar”. Un placer al que se ha hecho asiduo el director del festival Formentera Fotográfica, Francesc Fàbregas, para quien octubre ha sido una revelación: “Después de casi 40 años visitando la isla, los últimos tiempos he descubierto que es en octubre cuando se recupera la esencia de la Formentera querida, con una luz especial, agua con buena temperatura, acceso a las playas sin aglomeraciones, los cielos pintados de nubes y un ambiente más relajante que permite disfrutar de momentos especiales con la gente de la isla”.

De hecho, para el actor y director teatral Miquel Costa, alma e impulsor del colectivo Espai F, octubre es el mes que siempre recomienda a los amigos para venir. “El agua está caliente, hace siempre buen tiempo, se dan las mejores puestas de sol y la isla está medio vacía”. Para el director de la trilogía ‘Cap de Tortuga’, ‘Perdius’ y ‘Nautae’, octubre es clave para establecer su particular ciclo anual: Desde hace años este mes “es el inicio de pensamientos que desembocan en proyectos que se ponen en marcha en otoño, se desarrollan durante el invierno y florecen en primavera”. El de la Mola añade que “es la fiesta de mi pueblo”, el Pilar, el 12 de octubre. Una celebración esperada por los isleños como el fin del trasiego del verano, la primera que harán sin tener que pensar a qué hora tienen que despertarse al día siguiente.

El payés de la Mola y presidente de la Cooperativa de Camp de Formentera, Jaume Escandell, mira hacia el cielo durante octubre: “Si ha llovido en septiembre y lo hace un poco en octubre, ya podremos salir a buscar algún pebràs (níscalo) o salir al mar a pescar calamares”. Es un momento en que el campo “ya se han sembrado las verduras, patatas y un poco de forraje para el ganado”, y en el que “tampoco hay mucho trabajo salvo preparar algún campo que está de barbecho para sembrar cereales en diciembre o preparar leña para los meses fríos”.

En el bosque, además de buscadores de setas o recolectores de leña, podemos encontrarnos en el cazador Joan Antoni Ferrer, quien conoce palmo a palmo las arboledas de la isla y los ciclos de la vida que tienen lugar: “En octubre empiezan a irse tórtolas, golondrinas y codornices y en cambio es cuando podemos ver llegar zorzales, estorninos y galinuelas”. El de Can Plater además, recuerda que es en el décimo mes del año cuando ya se puede abrir la bota de vino.

El pescador Germán Pérez Marí, recuerda que años atrás ya podía pescar el caramel en octubre, pero hoy en día el agua fría todavía se hace esperar. El décimo mes del año es para Germán “un tiempo en que el mar está cansado de la pesca, la tierra y los árboles están aún secos y esperan el descanso del sol”. “Es cuando nos empiezan a aparecer los males de una dura temporada”, pero también cuando la mañana nos sorprende con “el olor de lluvia que deja el rocío”. Es el mes en que “nos invade la calma, y somos conscientes de lo que está por venir. Octubre es el mensajero del invierno. Todo el mundo cierra puertas y abrimos la puerta de nuestro descanso”.

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