La obra se estrenó bajo la dirección escénica de Joan Lluís Bozzo en Alicante en 1992 y se representó en Madrid, Barcelona, Palma y Perpiñán.

La ópera da salida a la inquietud de Sardà para conservar la naturaleza de la isla.

Texto: Josep Rubio | Fotografía: Próximo Ferry

En 1974 el compositor de música contemporánea Albert Sardà (Barcelona, 1943) descubrió en Formentera el espacio que sería su refugio durante casi 25 años. Pasaba largas temporadas que combinaba con una agitada vida creativa y como profesor en diversos conservatorios catalanes primero y luego como Catedrático de Historia y Estética de la Música en el Conservatorio de Barcelona. Cautivado por Formentera y por el magnetismo de las islas en general, llegó a sus manos “El año de Gracia”, la novela de Cristina Fernández Cubas en que se basaría para componer una de sus cuatro óperas y la que más veces se ha representado: ‘El año de Gracia’. Escrita a medio camino entre Formentera y el Empordà, la obra da salida al magnetismo de Sardà por la isla y lanza un mensaje sobre el peligro de destruirla. Esta ópera de cámara en un acto y diez escenas se estrenó en Alicante el 20 de septiembre de 1992, se representó en Madrid, Barcelona, Palma y Perpiñán y contó con la dirección escénica de Joan Lluis Bozzo, además de la colaboración de algunos de los buenos amigos que había hecho en Formentera, donde el compositor frecuentaba la compañía de los hermanos Bruce y Tony Gartell, que aún hoy impulsan las sesiones de “Jazz a la Plaça” en verano, los periodistas Juan Ramón de la Cruz y Carmelo Convalia o el escultor Dicky Medows. El grupo también estaba integrado por el matrimonio Isabel Echarri y Diego Etcheverry, con una larga experiencia en montajes de ópera en París y que elaborarían los escenarios y los trajes de ‘El año de Gracia’ junto con su hija Colombe Etcheverry, a quien el autor dedicaría la ópera después de su prematura desaparición.

En la pieza, de una hora de duración, cantaban el tenor Joan Cabero y el barítono Josep Pieres y en la dirección musical tomó la batuta José Luis Temes. La orquesta estaba formada por instrumentos de madera (flauta, oboe, clarinete y fagot), metales (trompeta, trombón y trompa), piano, dos percusionistas, y cuerdas (dos violines, violonchelo, viola y contrabajo). El argumento narra la historia de Daniel, un barcelonés que para “desintoxicarse” del seminario donde ha estudiado, emprende un viaje alrededor del mundo. En uno de los trayectos por mar, el viajero naufraga y acaba refugiándose en una isla en el noroeste de Escocia, devastada por los experimentos que el ejército británico realizó con gases tóxicos durante la Primera Guerra Mundial. Allí conoce a su único habitante, un solitario pastor completamente afectado por la contaminación ambiental y que vive con la exclusiva compañía de su rebaño. En el montaje original, eran los mismos músicos quienes aparecían caracterizados como cabras radiactivas, lo que daba un aire delirante en el cuadro.

La ópera, explica Sardà, es “atonal con algunas melodías intercaladas”, pero a diferencia de lo que a menudo el gran público asevera sobre la música contemporánea, ‘El año de Gracia’ es una obra asequible porque es “muy descriptiva” y en definitiva, cuenta una historia tanto humana como asimilable con Formentera, la lucha por la subsistencia y para seguir siendo lo que somos.

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