XICO CASTELLÓ: AL RITMO DE LA JOVEN DOLORES

Próximo Ferry | abril 11, 2019

De aquel trayecto a tientas recuerda cómo, al llegar a Vila, la tripulación escuchaba atenta la ‘vaca’.

Con Capitán Trueno sonó junto a Xomeu Joan y Santi Marí, quienes más tarde fundarían Aires Formenterencs

Texto: Josep Rubio | Fotografía: Xico Castelló

Xico Castelló Ferrer (Ibiza, 1964) pertenece a una familia vinculada a la mar y él es la cuarta generación de marineros. Su padre, Pep Castelló, fue patrón durante muchos años de la Joven Dolores, una de las embarcaciones más icónicas, si no la que más, de las que han cubierto la línea pitiusa. Sus recuerdos de infancia están llenos de instantes a bordo de este mítico barco de madera ya desaparecido. En su bodega había dormido incontables veces, encamado en las espartanas literas para la tripulación.

De aquellas noches guarda el ruido del casco al crujir o el hedor, ligero pero permanente, de las aguas de sentina. Y aquellas mañanas invernales de densa niebla, en que la Joven arrancaba motores y ponía rumbo a Ibiza. El barco, sin radar, sónar ni ningún equipamiento digital, contaba con poco más que la intuición y el oficio de su patrón, que se mantenía en el puente con los ojos abiertos como si fuera un congrio y ordenaba que un marinero se apostara a la proa, con el encargo de descifrar la mínima variación en el omnipresente blanco.

De vez en cuando, su padre salía de la cabina y miraba hacia abajo, hacia el mar cristalino, para comprobar que el fondo se mantenía allí donde debía estar, y no lo perdía de vista para estar seguro de que no se alejaba demasiado de la costa ni tampoco se acercaba peligrosamente. De aquel trayecto a tientas recuerda cómo, al llegar a Vila, la tripulación escuchaba atenta la ‘vaca’, la señal sonora que emite el faro de Botafoc los días de mala visibilidad y que, como decía su mote, se parecía a un mugido. Su padre ordenó parar máquinas y al levantarse el sol y levantarse la niebla, resultó que la Joven Dolores estaba justo allí donde debía estar, a la entrada del puerto y a pocas decenas de metros de su destino.

Xico ha tenido la mar y también, desde muy joven, la música. A principios de los ochenta era el batería y vocalista de Capitán Trueno, una de las bandas pioneras del rock formenterense que versionaba a los grandes, desde los Beatles, pasando por Elvis Presley o Creedence Clearwater Revival. Compañeros suyos en ese grupo fueron en Xomeu Joan i Santi Marí, quien años más tarde formarían junto con Xico Ferrer el grupo con más trayectoria de la música hecha en la isla, Aires Formenterencs. La pasión por la canción le venía de los setenta, cuando se reflejaba con el grupo local del momento, Zenit, un conjunto formado por tres estudiantes formenterenses establecidos en Barcelona: Francesc Mayans, Pep Mayans y Isidor Torres. Pero la ‘mili’ truncó sus aspiraciones artísticas y se tuvo que conformar con acceder a la Armada y pasar el servicio militar como tocaba en su familia, embarcado.

A la hora de estudiar, ingresó en la Escuela de Formación Profesional Náutico Pesquera de Palma y de aquella época guarda el recuerdo de terminar el curso académico y, con avidez, embarcarse al día siguiente, sin tiempo para perder. Se trataba de ir sumando días, semanas, meses y años de navegación y así llegar a ser patrón de cabotaje. Se enroló en el Punta Pedrera, que cubría varias rutas y especialmente la de Denia – Formentera. Tenía la ventaja de que navegaba casi a diario. De aquellos años recuerda una campaña en la que llegó a acumular 13 meses seguidos sin desembarcar. Años de trabajo en el mar en los que también navegó a bordo del Playa Real, un barco de cabotaje que conectaba con varios puertos de la Península, y así logró ser patrón mayor de cabotaje. También llegó a comandar la Illa de Formentera, otra de las históricas barcas de madera de la línea pitiusa, e incluso la Joven Dolores, tomando el relevo de su padre y cerrando el círculo familiar.

Casi con el cambio de siglo, la vida y el mar le dieron una tregua y durante cinco inviernos y cinco veranos se ocupó de una goleta turca de excursiones, el Princesa del Mar. En aquellos años pudo volver a coger las baquetas y sonar con varias bandas de efímera vida, como Dit Fort o No Control hasta que un día apareció María José Cardona. La guitarrista y vocalista que venía de tocar con Spioks, el primer grupo de rock en catalán de Formentera, le propuso embarcarse en los inicios de 4 de Copes. Xico contribuyó a que 4 de Copes iniciara un rumbo que la acabaría convirtiéndose en el conjunto de rock de Formentera con más discos publicados. Pero la mar volvió a llamarlo y Xico se reincorporó a la línea entre Formentera e Ibiza, un empleo en el que ya no cabían conciertos hasta altas horas de la madrugada o ensayos regulares.

Hoy gobierna los rápidos de Mediterránea Pitiusa. Se ha convertido en un patrón que reconoce haber sentido miedo, la emoción que nos previene del peligro, pero nunca pánico, la que nos hace perder el control. Y desde el puente, señala que lo peor de la ruta entre la Savina y Vila no son ni las olas que levanta el Levante ni las corrientes de los Freus los días de termporal. Si no los cientos de embarcaciones de todo tipo y tamaño que saturan este pedazo de mar en verano y que no siempre están en manos de gente bastante formada o con suficiente experiencia. De un profesional puedes esperar lo que hará, como si de un compás de cuatro por cuatro se tratara, pero con un aficionado al timón, nunca sabes en qué nota desafinará.