Vipera berus, the common European adder or common European viper, is a venomous viper species that is extremely widespread

El paleontólogo ibicenco Enric Torres-Roig descubre los restos de una víbora de hace 2,5 millones de años

El hallazgo rompe con el mito de que las tierras pitiusas ahuyentaban la presencia de animales venenosos.

Texto: Josep Rubio | Fotografía: Próximo Ferry

El científico y escritor latino Plinio divulgaba, el año 70 dC, en su ‘Historia Natural’ que las tierras pitiusas eran refractarias a las bestias venenosas y que por lo tanto, estaban libres de serpientes. La leyenda contaba que los suelos de Ibiza y Formentera ahuyentaban los ofidios, por lo que comerciantes, militares y otros potentados de la antigüedad adquirían tierra pitiusa para esparcirla alrededor de su casa y mantener así bien alejados a estos temidos reptiles. De hecho, incluso el nombre de la isla de Ibiza se puede explicar etimológicamente como una derivación de Bes, la deidad que a menudo aparece representada con una serpiente capturada entre las manos.

Pero la tesis doctoral que está ultimando el paleontólogo Enric Torres-Roig rompe con ese mito, tras descubrir en un yacimiento de Ibiza los restos de una víbora de unos 40 centímetros de longitud. El análisis genético revela que esta víbora tendría relación con su pariente ibérico (vipera latastei) y que habría llegado a Ibiza hace alrededor de 2,5 millones de años, cuando el Mediterráneo ya no era un mar seco, por lo que se supone que los ofidios habrían llegado a las Pitiusas flotando sobre alguna madera.

Con la certeza de que los fenicios no registraron la presencia de serpientes en la isla, el investigador ibicenco apunta que la depredación de algún animal asociado a la presencia humana, como la ya desaparecida en Ibiza rata de cola blanca (Eliomys quercinus), podría haber causado su extinción. En este sentido, Torres-Roig señala que este roedor ha desarrollado una especial resistencia al veneno de la víbora y que, en experimentos realizados en terrario, era el roedor quien le ganaba la partida al reptil.

El paleontólogo apunta que ahora se debeería emprender una campaña de prospecciones en Formentera, porque lo más previsible sería encontrar la misma fauna en las dos pitiusas y más, teniendo en cuenta los antiguos topónimos dados por los clásicos a esta isla: Ophiusa, la isla de las serpientes o Colubraria.

Sin embargo, el dramaturgo Miquel Costa recuerda que, en la antigüedad, los griegos y otros pueblos mediterráneos llamaron tierra de serpientes en los lugares inhóspitos y donde era difícil sobrevivir, no necesariamente en los lugares donde había realmente estos ofidios.

Sea como sea, los ofidios no sólo han vuelto a las pitiusas en las investigaciones de los paleontólogos, desgraciadamente para la fauna autóctona como la lagartija o la pardela balear, la serpiente blanca y la culebra de herradura han vuelto a colonizar Ibiza y Formentera. Desde principios del siglo XXI estos reptiles han ido llegando a las Pitiusas escondidas en los troncos de los olivos que se plantan en los jardines del archipiélago y hoy suponen uno de los mayores quebraderos de cabeza para los gestores de los espacios naturales de Ibiza y Formentera.

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